Cuando estas en tus oficios y el sueño es mas pesado de lo que tu cuello puede soportar y empiezas a escribir estas palabras, después de horas con un día gris y un sentimiento de desespero en la que te repulsa tu inocencia enmarcada en la paranoica rutina, piensas, que debo hacer? La única respuesta es continuar escribiendo.

 

Son momentos en que la energía que nos trasmite el día no es la adecuada, en que la apatía invade los corazones de todos mis compañeros de trabajo y el mismo sentimiento invade mi ser, en que milagros pudieron ocurrir sin el asintomático devenir del ya casi, de la soledad reflejada en mi propia soledad y la vulnerabilidad de perderlo todo en un segundo.

 

Es el sentimiento de hacer mas con menos, o de hacer lo que es debido sin estar seguro de que es debido, es el desespero por dejarlo todo sabiendo que al dejarlo, ese desespero será mayor al no contar con la autonomía que la dependencia a este puesto genera, es ver como la película de mi vida se repite con aun vagas fluctuaciones que empiezan por fin a cambiar mi plano polar.

 

Es ver el futuro tan distante, la posibilidad de librarse de este regeneramiento atemporal aun tan apartado en la difusa línea de mi tiempo, el deber de llenar mi conciencia de paciencia para alcanzar mi meta del cambio fundamental, el hecho de tener que esperar para ser feliz, sabiendo que podría ser feliz ahora, pero no me decido a serlo.